12 mayo, 2007

María Magdalena


La Solemne Bendición de las imágenes de las Santas Mujeres, obra del escultor imaginero y Dr. en Bellas Artes D. Juan Manuel Miñarro López, tuvo lugar el día 29 de marzo de 1998.




La ceremonia corrió a cargo del Rvdo. Padre D. José Amat Cortés, Director Espiritual de la Hermandad en aquel año. Fue apadrinada la Bendición por don Manuel Blanes Arrufat, Prioste de la Hermandad, doña Inmaculada González Vivas, Vocal de Cultos, y por el Hermano don Antonio Montellano Fenoy.


Asistieron como invitados a la ceremonia el presidente de la Agrupación de HH y CC y miembros de su Junta de Gobierno, así como representaciones de las Hermandades de Penitencia.

Participó el Coro de la Cofradía de Nazarenos durante la Santa Misa. Concluyó el acto con la actuación de la Agrupación Musical San Indalecio de La Cañada.





Magdala, la ciudad natal de María, estaba a tres millas de Capernaum. No es raro pues que oyera pronto de Jesús y se pusiera en contacto directo con El. María era un personaje conocido en Magdala. Era relativamente rica y había estado sujeta a la influencia de los demonios. Algunos dicen que era adúltera, pero no es justo decirlo no teniendo ningún dato. No tenía nada que ver con la mujer pecadora que lavó los pies a Jesús. Podemos suponer, por su posesión de demonios, que era de naturaleza apasionada e impetuosa. Pero María se había librado de estas influencias. Jesús expulsó sus siete demonios y a partir de aquel momento, María Magdalena, dedicó su fervor apasionado a servir a Jesús.
Permaneció con las mujeres que seguían a Jesús y sus discípulos, que les servían según necesitaban y que cuidaban de ellos. Necesitaban dinero, alimento, vestido. El dinero lo proveían estas mujeres, según vemos en Lucas 8:3.
Pero, este servicio material no era la única prueba de lealtad de María Magdalena a su Salvador. Cuando Jesús fue a Jerusalén para sufrir y ser crucificado, María Magdalena le acompañaba. En la cruz, todos los discípulos excepto Juan, habían huído en el momento de la crisis. Pero, María Magdalena permaneció y fue testigo de la muerte de Jesús (Marcos 15:40,41). Y después de los sucesos del Gólgota, participó en los preparativos de su entierro. Fue también una de las mujeres que se dirigió al sepulcro para derramar especias sobre la tumba. Y cuando hallaron que el cuerpo no estaba allí, fue María la que fue a Jerusalén y halló a Pedro y le comunicó la noticia que lo habían robado.
Pero, esto no fue bastante. Regresó inmediatamente a la tumba, probablemente antes que los apóstoles llegaran allí. Sabemos que tuvo un encuentro con Jesús y que no le reconoció, pero fue sin duda la primera mujer que le vio. Fue necesario que Jesús la llamara por su nombre antes que sus ojos fueran abiertos. Entonces le reconoció y cayó de rodillas. Otra vez muestra su celo y trata de acercarse a Jesús, pero el Señor le ordena que no le toque. En su fervor, consumida por él, como en todo en su vida, Jesús tuvo que frenar a María. Cuan distinta, por ejemplo, de María de Nazaret, o de Salomé, o de Marta, la hermana de Lázaro.